Aquí yace la morocha empapada de glamour y soda, rodeada de sus revistas Vogue y su reloj que no da la hora. Planea dejar mañana, al fin, el Mcdonals, respetar a los animales y vender su computadora. A ver si quizás así se vuelve una mejor persona, si logra dejar de lado pensamientos que la vuelven manipuladora. Se mudará al medio de África para vivir del pan de soya. Se pone en la onda verde y ya es vegetariana; sé que no rima, pero la retrata.
La búsqueda de su humanidad termina y la desgarra, se devuelve a Los Angeles y se tiende en su cama. Su tenida a "lo cobra" llena de humo la espera, al igual que ese aquel café matutino sin el que se desespera. Se pinta a lo Moss y se va a beber, de nuevo está en el hall tirada sin saber. Dice que se siente mucho mejor tener un corazón ausente, sin sentimientos antes subordinados que aquel nueve de junio se vuelven hacer presentes. Como entrampadas avenidas en cámara lenta, en donde testeamos fallidos destinos con un mapa imaginario a cuestas.
Destruida, logra alcanzar otras manos igual de averiadas, mientras en las noticias informan que conejos de sombrero tomaron por rehén a la magia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario