Hay noches en las que te pienso tanto que comienzo a creer que nunca exististe. Otras en las que deseo que así sea. Estas a kilómetros de distancia sin embargo acabo de tocar tu rodilla, explícame como sigue eso siendo posible.
Esta noche me sustento bajo la posibilidad de reencontrarme en tu risa y de creer que eres tú, pensando en mi, lo que me mantiene aquí parte de la realidad. No me arrebates eso, necesito un último señuelo. Tres números bastan.