Dibujar de manera compulsiva parece ser lo único que puede aliviarme. Esconderme tras un disfraz muy poco convencional de lo que planeo callar. Una libreta de colores, en reversa, bajo la almohada. Otros pocos se encuentran aún atorados en mi garganta, en el vómito intangible de lo que ya no puedo sentir.
¿A que costo?
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